Difamación tras el despido: cuando hablar de más en redes sale caro

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Una reciente sentencia ha vuelto a dejar claro que la libertad de expresión tiene límites, especialmente cuando se cruzan ciertas líneas tras un despido. Una empresa que había prescindido de uno de sus trabajadores descubrió que este comenzó a publicar comentarios en su contra en redes sociales y otras plataformas, cuestionando su ética profesional y su actividad.

Ante esta situación, la compañía decidió actuar: reunió pruebas de los mensajes y acudió a los tribunales. El resultado fue favorable para la empresa, que obtuvo una indemnización de 5.000 euros por vulneración de su derecho al honor.

Sí, las empresas también tienen derecho al honor

No solo las personas físicas están protegidas. Las personas jurídicas —como las empresas— también tienen reconocido este derecho, que abarca aspectos como su prestigio, su reputación y la imagen pública que proyectan. Es decir, no hace falta que haya un daño económico para poder reclamar si se demuestra que los comentarios afectan a la imagen de la empresa.

¿Todas las críticas se pueden denunciar?

No. Criticar o manifestar una opinión negativa no es en sí sancionable. Lo que marca la diferencia es el tono y el contenido: si se trata de expresiones ofensivas, acusaciones sin pruebas o afirmaciones que puedan hacer creer que la empresa actúa ilegalmente, entonces sí se puede actuar legalmente.

¿Qué puede hacer la empresa?

Si una empresa se encuentra en esta situación, debe actuar con rapidez y precisión. Lo primero es recopilar pruebas: capturas de pantalla con fecha y hora, declaraciones de testigos y, si es posible, la intervención de un tercero que certifique la autenticidad del contenido publicado. También se puede enviar un requerimiento formal al ex empleado exigiendo la retirada del contenido.

Si el ex empleado no rectifica y los mensajes continúan visibles o han tenido gran difusión, la empresa puede interponer una demanda civil por intromisión ilegítima en su derecho al honor y solicitar una indemnización.

Este caso demuestra que los comportamientos tras un despido también pueden tener consecuencias. Hablar mal de la empresa en Internet no solo puede dañar su imagen, sino también salir caro.