Con el final del año a la vuelta de la esquina, muchas personas revisan sus números y se preguntan si todavía pueden hacer algo para suavizar la factura fiscal del próximo ejercicio.
La respuesta, en muchos casos, es sí. Y una de las vías más efectivas sigue siendo la misma de siempre: las aportaciones a planes de pensiones.
Aunque suene técnico, el mecanismo es sencillo: lo que aportas antes del 31 de diciembre reduce directamente la base imponible del IRPF de 2025. Y eso se traduce en pagar menos.
Durante este año se mantienen los límites habituales. Las aportaciones a planes de pensiones individuales están topadas en 1.500 euros. Para muchos trabajadores es un importe modesto, pero sigue siendo una de las pocas reducciones que la normativa permite aplicar sin discusión.
Donde realmente hay margen es en los planes de empleo. Si tu empresa realiza contribuciones por ti —o si tú mismo aportas a través de ellos— el límite se amplía hasta 8.500 euros adicionales, lo que permite alcanzar un total conjunto de 10.000 euros en aportaciones con derecho a reducción.
Los autónomos también disponen de su propia herramienta: los planes diseñados específicamente para ellos, que permiten añadir hasta 4.250 euros más dentro de ese mismo límite global de 10.000 euros.
Y existe una posibilidad adicional que a menudo pasa desapercibida: la aportación al plan de pensiones del cónyuge. Hasta 1.000 euros anuales que no computan dentro del límite general, siempre que esa persona no haya obtenido más de 8.000 euros en rentas del trabajo o actividades económicas.
El impacto práctico puede ser significativo. Un contribuyente con un tipo marginal del 45% que aporte el máximo —10.000 euros— puede obtener un ahorro fiscal de 4.500 euros en su próxima declaración.
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